
Hay personas que piensan todo antes de hacer. Y piensan tanto que al final no hacen nada, por miedo a cometer un error. Tengo un poco de ellos dentro de mí.
También están esas personas que no piensan nada y actúan impulsivamente. Cometen errores inconscientemente o, a veces, deliberadamente. También me comporto como ellos de vez en cuando.
Aunque también están esas personas que viven la vida sin saber por qué ni para qué, y no creo ser uno de ellos. Mi pregunta, cada día nuevo que vuelvo a respirar, es: ¿Qué es lo que busco? Y ahora, ya que creo que es uno de los tópicos que más me incumben o, por lo menos es el que me tiene preso en el momento de escribir estas líneas, le toca el turno a las relaciones.
Siempre me dicen “no te preocupes, lo que te pasa a vos le pasa a todo el mundo” y yo, parafraseando el famoso dicho “mal de muchos, consuelo de tontos” respondo “mal de muchos, a mí no me consuela”, porque, es verdad, a mí no me consuela. Aunque eso no quite que yo sea un tonto.
Cómo empezar. En mi corta edad tengo preocupaciones las cuales, muchas veces, preferiría no tener. Cuando muchos “solucionan” sus problemas de forma física, tomando, gritando, llamando la atención de alguna forma, lastimando a otros por qué no, viviendo situaciones intrascendentes (vaya uno a saber qué se puede definir como “intrascendente” a esta altura de la existencia humana) yo simplemente me pongo a pensar, reflexiono sobre mí, sobre mis acciones, sobre los demás, sobre las relaciones, sobre los hechos, sobre mi comportamiento, sobre… sobre… sobre… sí realmente es un martirio. Cuando una persona piensa demasiado sobre todo es muy común que cambie constantemente de opinión en busca de una que encaje lo más suavemente posible en toda esta maquinaria social en la que estamos inmersos (o por lo menos a mí me pasa, pero voy a hacer uso de esta estrategia que muchos entendidos usan, el “plural”, porque yo sólo es difícil que mueva al mundo, pero muchos… por más que sean ficticios… logran “consolar a muchos otros tontos”).
Es difícil escribir un pensamiento de la forma más imparcial posible para no ofender las susceptibilidades ajenas y, al mismo tiempo, no caer en un discurso vacío. Aparentemente siempre va a haber alguien que esté en desacuerdo. Y exactamente ahí radica mi confusión.
Están los que dicen que el “calentamiento global” es un invento. Están los que te demuestran que es cierto. Están los que te dicen que pensar que es cierto, hace que lo sea. Están los que te dicen que hay que transitar un momento de tristeza. Están los que te dicen que no hay que quedarse triste, sino salir adelante. Están los que te dicen que el sexo es pecado. Están los que te dicen que el sexo es salud. Están los que te dicen que ser lindo no es importante pero por dentro piensan que sí. Están los que dicen que ser lindo es importante y viven toda su vida llenos de envidia. Y puedo seguir enumerando infinitamente.
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