
“¡Flaco, ni se te ocurra chapártela!” Le dije a un chabón que estaba agarrado a una compañera mía que hacía segundos estaba en mis brazos porque su estado de ebriedad no le permitía mantener los ojos abiertos.
Era una fiesta excelente.
Sin embargo, todavía no comprendo el porqué de la moda de tomar y tomar hasta perder la consciencia. El chabón este del que les hablo iba de flor en flor oliendo a ver cuál tenía más olor a alcohol encima, y, si no me equivoco, se terminó agarrando a la más ebria de todas.
Por curiosidad, comencé a preguntar a ver si alguna de las personas allí presentes, por casualidad, sabía cuál era el sentido; “No sé” fue la respuesta más votada, y la más desarrollada fue “porque así son las fiestas”…
No me interesa ir en contra de ninguna costumbre. Tampoco soy el padre de todos para controlar sus acciones. También tengo el mismo instinto sexual que todos y me gusta tanto besar mujeres como a la mayoría de los hombres.
He estado con mujeres con dos, tres o más vasos de “algo” con alcohol encima, sin embargo, hasta ahora, tengo que admitir una debilidad, me resulta imposible (o por lo menos muy difícil) chaparme o besar a una persona en estado de ebriedad. No le encuentro ni la gracia, ni el placer. Parece ser que se desvirtuó el sentido original del beso que era disfrutar de un placer sexual con alguien, y no con algo, y fortalecer dicho vínculo, o sólo jugar un rato.
La realidad es que no necesito preguntarle a nadie esa razón. El alcohol es utilizado para desinhibirse. Correcto. Termina siendo utilizado para deshacerse de la responsabilidad moral de las acciones de uno mismo y llega a poner en riesgo la propia integridad física. “Total está ebrio”, “no me acuerdo, estaba en pedo…”. Y si me permiten, sobre todo por el lado de las mujeres, si lo pensamos bien, ¿No es como una especie de prostitución gratuita el entregar la voluntad del cuerpo a otro?
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